
La senadora nacional Patricia Bullrich está en una situación que sería incómoda para cualquier actor relativamente nuevo en la política, pero no para ella, que se jacta de tener el “cuero curtido” a base de su larga trayectoria política.
Muy cerca del presidente Javier Milei pero desconfiada de la secretaria General de Presidencia, la ex ministra de Seguridad Nacional ya construye su capital político propio, dentro de La Libertad Avanza, pero lejos de puntuales referentes.
Lejos de ser una persona propia del liberalismo, sin voz ni voto, armó un caudal político que no pocos envidiarían. Con casi una decena de diputados propios puede vaciar de poder al oficialismo nacional, como sucedió cuando esos mismos legisladores la siguieron en su incursión hacia La Libertad Avanza retirándole poder parlamentario al ex presidente Mauricio Macri.
Sabe de negociación política, acaso probablemente mucho más que los mejores cuadros con los que cuenta hoy Karina Milei, la encargada de todo el espectro político del Gobierno Nacional.
Es por ello que no dejó de ostentar su autonomía política. Mientras otros legisladores tienen la orden de levantar la mano cuando el presidente lo pida, Bullrich a veces toma otras posturas. Y siendo la presidenta del bloque oficialista en el Senado no es poca cosa.
La discusión por el tratamiento del proyecto de Ficha Limpia expuso eso. Una senadora oficialista que no quiere sucumbir ante los deseos de quien hoy vendría a ser una suerte de jefa política.
Es que mientras Bullrich quiere que la iniciativa sea tratada de forma aislada, la hermanisima condiciona su aprobación al apoyo de la reforma electoral, lo que abrió una interna compleja dentro del oficialismo.
Karina desconfía de Bullrich. Está convencida de que no es una persona leal y que si el Gobierno se cae ella será la primera en despegarse. Por ello no la quiere de candidata de Gobierno porteño, mucho menos sintiendo que si logra posicionarse podría competir por la presidencia en 2027.
Bullrich eso lo tiene en claro. La experiencia que le otorgó una amplia carrera en la política le dio el poder de oler sangre incluso antes de tiempo. observa, muchas veces en silencio, y actúa en consecuencia. Nadie puede adelantar cuál será finalmente su próximo movimiento.
En el PRO descartan que pueda volver a pertenecer al espacio, pero su extensa relación con Macri y los guiños que viene sosteniendo indicarían que la senadora hoy juega a dos puntas.
O tres. Porque tampoco nadie descarta que finalmente termine impulsando un proyecto de poder propio, que ya nace con apoyo de ciertos sectores de la política, es decir, mucho más favorecida que incluso el propio Milei cuando decidió meterse en el Congreso de la Nación allá por el 2021.
Es por ello que hoy gran parte de la política nacional mira sus movimientos con cautela. ¿Será candidata a jefa de Gobierno porteño? ¿Será candidata a presidenta? ¿Con qué espacio? ¿Se quedará en el Senado, donde tiene mandato hasta 2031, construyendo su base de poder en el marco de un armado propio?
Nada de ello hoy puede responderse, porque en parte tampoco lo sabe la propia Bullrich. Lo cierto es que probablemente sin saberlo Karina Milei está subestimando el poder de acción de la ex ministra. Y esta va a utilizar eso a favor.








